Antes de las 9:39 del 2 de octubre ya se había anunciado una apertura nocturna del Museo del Prado para el sábado 3, de 20:30 a 23:30. El plan establecía entrada gratuita hasta completar el aforo y un recorrido por la planta baja del edificio Villanueva, donde se exponían ocho cuadros de costumbres de Valeriano D. Bécquer, realizados entre 1866 y 1867. La muestra temporal afrontaba su último fin de semana, ya que su clausura estaba prevista para el domingo 4 de octubre.

La apertura nocturna tenía una duración prevista de tres horas, aunque el acceso terminaba antes: la última entrada estaba fijada para las 23:00 por la Puerta de Jerónimos. El aforo limitado impedía garantizar la entrada. Para quienes pensaban acudir el sábado 3 de octubre, la hora de cierre del acceso era el dato práctico que condicionaba el desplazamiento y el margen de llegada.

Qué había previsto el museo para la apertura

El recorrido anunciado se concentraba en la planta baja del edificio Villanueva. El itinerario previsto atravesaba salas de pintura románica y gótica, pasaba por el Renacimiento y llegaba hasta el siglo XIX. No incluía todo el museo ni una apertura completa de sus salas. La selección permitía enlazar periodos distintos en una misma visita, con la muestra de Bécquer como uno de los puntos centrales de la noche.

La exposición temporal llevaba el título "Valeriano D. Bécquer (1834-1870): Los cuadros de costumbres". El conjunto reunía por primera vez en el Prado las ocho pinturas que realizó el artista entre 1866 y 1867 para un encargo gubernamental destinado al antiguo Museo de la Trinidad. El encargo quedó incompleto. Bécquer alcanzó a representar costumbres de tres provincias: Zaragoza, Soria y Ávila.

Ese origen permitía leer las obras como algo más que escenas pintorescas. El encargo buscaba dejar constancia de los tipos, la indumentaria y las costumbres de distintos lugares. Los cuadros combinaban personas, celebraciones y tareas cotidianas con detalles de la ropa y del entorno. Vistos juntos, permitían comparar cómo el pintor observó comunidades distintas y cómo tradujo esa observación a escenas construidas para un museo.

Ocho cuadros reunidos en una sola muestra

La serie se desarrolló durante los viajes de Bécquer por el país. El pintor recibió una pensión en 1865 para estudiar y representar las costumbres populares. El proyecto se interrumpió en 1868, después del cambio político que puso fin al apoyo con el que se había financiado. Aun así, los ocho cuadros conservados forman un conjunto excepcional dentro de la pintura costumbrista española del siglo XIX.

La reunión también permitía apreciar el valor documental de las obras. La ropa, las formas de reunirse y los espacios representados registraban maneras de vivir en el siglo XIX. Ese interés no convertía las pinturas en fotografías neutrales. Eran composiciones artísticas, elegidas y ordenadas por Bécquer, y su mirada determinaba qué elementos aparecen y cómo se relacionan. El Prado había incorporado a la exposición extractos de las descripciones redactadas por el propio pintor, de modo que el visitante puede acercarse tanto a las imágenes como a las palabras que las acompañaron.

Una visita breve podía centrarse en observar primero las diferencias entre las escenas y después los detalles que se repiten: la presencia de grupos, las actividades compartidas y la atención a la indumentaria. Mirar el conjunto, en lugar de detenerse solo en una obra, ayudaba a entender el propósito del encargo. La muestra reunía piezas concebidas en un periodo acotado y dentro de un mismo proyecto, por lo que permite seguir con claridad el modo en que Bécquer representó tres territorios.

Entrada gratuita con aforo limitado

La entrada prevista era libre y gratuita hasta completar el aforo. El último acceso se había fijado a las 23:00 por la Puerta de Jerónimos y la sesión debía concluir a las 23:30. Llegar cerca de la hora de cierre de puertas habría reducido el tiempo disponible y el acceso habría dependido de que quedara capacidad. La convocatoria no garantizaba la entrada ni asignaba una reserva a cada asistente.

El plan podía encajar tanto en una visita centrada en la muestra como en un recorrido más amplio por la selección de salas. Quien quisiera dedicar tiempo a los ocho cuadros podía empezar por ellos y continuar por el itinerario histórico. La alternativa era recorrer primero las salas y reservar tiempo para la exposición temporal antes del cierre del acceso. La ventana nocturna prevista era de tres horas y el acceso se cerraba media hora antes del final.

El anuncio ofrecía para la noche del sábado 3 de octubre una visita gratuita, condicionada al aforo, con una selección de salas del Prado y la exposición de Bécquer antes de su clausura prevista para el domingo 4. La posibilidad de contemplar juntos esos ocho cuadros era el principal atractivo de la apertura. El dato práctico más relevante de la convocatoria era el último acceso, fijado para las 23:00 por la Puerta de Jerónimos.