
Espacio Abierto Quinta de los Molinos ha reservado este domingo 27 de septiembre para Tinta de los Molinos, un festival que mira el libro desde su construcción y desde el juego. Organizado junto a Colectivo HUL, reúne talleres de microedición, fanzines, creación gráfica y propuestas escénicas pensadas para el público familiar. La idea resulta sencilla y sugerente: un libro también se puede doblar, dibujar, montar y compartir. La lectura empieza así mucho antes de pasar la primera página de una obra terminada.
El centro cultural municipal, situado en San Blas-Canillejas, trabaja habitualmente con infancia y adolescencia. En esta ocasión, la programación permite a distintas edades acercarse a un objeto cotidiano que suele llegar ya impreso y cerrado. Un taller de edición pequeña enseña de manera tangible que el tamaño, el papel, el orden de las imágenes y la forma de encuadernar afectan al relato. Esa experiencia puede interesar tanto a quien lee mucho como a quien todavía no ha encontrado un libro que sienta propio.
Hacer para comprender
El Ayuntamiento anunció talleres con Ay Ediciones, Kit Caníbal, Marta Quijano, Paw Salcés y Ruango. Los nombres remiten a propuestas creativas distintas, por lo que conviene consultar la ficha de cada actividad antes de elegir una sesión. No todos los talleres tienen la misma edad recomendada, duración o condiciones de acceso. Lo común es el trabajo manual y narrativo: convertir una idea en un pequeño objeto que pueda leerse, mirarse o llevarse a casa.
La microedición no necesita grandes tiradas para tener sentido. Un fanzine hecho con unas hojas fotocopiadas puede circular entre amigos o quedarse en el estante de una familia. Esa escala permite ensayar sin esperar a que todo sea perfecto. Elegir qué contar, decidir qué sobra y ordenar las páginas son ejercicios de lectura tanto como de creación. En un entorno educativo, pueden abrir otra relación con los textos; en un festival, tienen el valor adicional de hacerse con tiempo compartido.
Un libro que sale al escenario
La propuesta llamada «Gigantes y Molinos» combina literatura lúdica, improvisación teatral y dibujo en vivo, con intervención del público. Aquí el relato no queda fijado en una página desde el principio. Las decisiones se toman delante de quienes participan y el resultado puede cambiar según sus aportaciones. Esa dimensión colectiva ayuda a comprender que una historia tiene estructura, pero también posibilidades. Para los más pequeños, ver una idea transformarse en dibujo o escena puede ser más directo que escuchar una explicación sobre cómo se escribe.
La muestra «SFW. Solo Fanzines Wais» presenta trabajos de artistas que utilizan el cómic, el collage y los libros de autor. Un recorrido por piezas de formatos variados puede descubrir que la edición independiente no responde a un único aspecto. Hay publicaciones hechas para leer de principio a fin y otras que funcionan como objetos visuales. Mirarlas de cerca, cuando la exposición lo permita, invita a reparar en detalles que pasan inadvertidos en una pantalla: el grosor del papel, una página desplegable o una unión hecha a mano.
Una actividad de barrio con alcance más amplio
La Quinta de los Molinos es conocida por su parque, pero Espacio Abierto ofrece una razón para acercarse también cuando no toca mirar los almendros. El festival se integra en el inicio de temporada del centro, que ya había programado propuestas de literatura infantil durante septiembre. Esa continuidad evita que el libro aparezca solo como una obligación escolar o como un producto para comprar. Lo sitúa entre las prácticas culturales que se hacen en compañía, con las manos y con la imaginación.
Quien quiera asistir debe comprobar horarios, edades y disponibilidad de cada taller en la programación del centro. La nota municipal describe el conjunto del festival, pero no sustituye las condiciones de cada sesión. Algunas actividades culturales requieren reserva y otras pueden tener un precio; asumir que todas funcionan igual puede estropear la visita. Si se viaja con niños, también ayuda elegir una sola propuesta con margen para explorar el espacio sin convertir la mañana en una carrera entre salas.
Tinta de los Molinos ofrece una forma amable de acercarse a los libros sin exigir un lector experto. Su apuesta por la microedición recuerda que las historias no nacen completas en una librería. Alguien primero imagina, dibuja, recorta, ordena y prueba. Durante un día, el público puede entrar en esa parte del proceso y llevarse una mirada distinta sobre lo que cabe en unas pocas páginas.